Misterios y relatos de fogón: Brujería

La Señora Valdés junto a sus 2 hijas vivían en un rancho a las afueras de Laguna Paiva en Santa Fe. La zona alrededor de su hogar era conocida por el pueblo, por tener una apariencia tétrica y espeluznante. Con el camino de tierra para llegar a su entrada, la casa se escondía detrás de arbustos secos y salvajes, árboles flacos llenos de ramas y pocas hojas, que se movían de manera inquietante para cualquier espectador, por lo que el efecto del ruido del viento daba a confundir con gritos de brujas que sobrevolaban por las noches. Nadie quería acercarse allí. Sin embargo, las mujeres habitantes negaban las habladurías de la gente sobre que esas tierras estaban encantadas.

Todo cambió el día en que luego de una tormenta fuerte una de las hijas de Demesia Valdés, escuchó el llanto de un bebé. Despertó justo cuando un relámpago iluminó la habitación. Se levantó sobresaltada, y en cuanto se calmó atinó a volver a acostarse. Ahí fue cuando ese llanto la descolocó. Se escuchaba bajito, por eso caminó hacia el comedor guiada por el ruido que iba en aumento a medida que se acercaba. Lo espeluznante de la situación, fue que el llanto del bebé se empezó a transformar en un débil gemido, como el de una criatura extraña. Sus pies avanzaban lentamente hasta que llegaron a la esquina del cuarto en el que se encontraba. Reconoció que el sonido provenía justo debajo de sus pies. Pronto su respiración se volvió más agitada ya que el miedo la estaba apoderando. En ese mismo instante, la supuesta criatura que estaba escuchando, comenzó a reír, tal como si lo hiciera un ser demoníaco o una bruja malvada.

Una mano en el hombro la hizo girar al mismo tiempo que gritó aterrada por el susto. Cuando se dio cuenta que era su hermana la que estaba detrás de ella, no pudo evitar abrazarla con todas sus fuerzas. No paraba de llorar y contarle toda esa experiencia vivida hasta hace unos minutos atrás. Sin embargo, su par la convenció de que era sólo una pesadilla.

Al día siguiente volvió a suceder, pero esta vez las 2 hermanas se levantaron dando fe que escuchaban lo mismo. A diferencia del día anterior fueron a despertar a su madre, y las 3 fueron testigos del extraño suceso que venía debajo del suelo.

Como las noticias vuelan en un pueblo chico, este hecho llegó a oídos del comisario a cargo, quien cansado de tantas historias que les llegaban sobre esa zona, fue con firmeza a hablar con las propietarias del rancho y aclarar de una vez por todas que no existía nada sobrenatural ahí. Las 3 mujeres lo recibieron con agradecimiento por haber ido mostrándole cuál era el rincón. El piso de la casa era de tierra, por lo que el hombre no tardó en agarrar una pala para cavar un pozo y mostrarles que no había ningún bebé ni ninguna criatura. Pero en uno de los movimientos, la pala golpeó con algo firme, tan duro como si fuera de acero. Con mucha intriga siguió removiendo la tierra para sacar a la luz una pequeña caja de acero rodeada de moho por el tiempo que llevaba ahí. No pudo evitar quedar paralizado cuando al abrir la caja se encontró con un líquido extraño y semillas. El comisario se llevó la caja poniéndola como evidencia. Desde aquel día las 3 mujeres no oyeron más nada por las noches, pero en la comisaría comenzaron sucesos extraños reportados por los presos que pedían por favor al día siguiente que lo saquen de allí. ¿Será que la caja estaba verdaderamente encantada y eligió a quien seguir?